sábado, 15 de junio de 2019

El opio del pueblo: las religiones y el amor romántico

“La religión es el suspiro de la criatura atormentada, el alma de un mundo desalmado, y también es el espíritu de situaciones carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo”.

Karl Marx expuso esta idea debido al afán de la población de buscar la felicidad en otro mundo ajeno al nuestro. Esto es comparado con el opio, una droga narcótica con propiedades analgésicas, hipnóticas y relajantes, que produce una gran dependencia. De esta forma, las personas vivían dejando pasar situaciones injustas, siendo controladas con una ilusión de lugar ideal llegada la muerte. Veían el sufrimiento pasajero y pensaban que obtendrían por ello una recompensa final. Gente cegada, sin ver la realidad, queriendo reunirse con su Dios.

No obstante, el fanatismo por la religión está también vigente a día de hoy. Sin ir más lejos, los atentados yihadistas: muertes y crímenes causados en nombre de creencias religiosas.

Hace tiempo vi una noticia que me llamó mucho la atención relacionada con el tema, así que me gustaría ponerla como ejemplo, sobre todo contando con una grabación del momento:

“Padre: Fateme, ¿qué quieres hacer hoy?
Hija: Realizar un ataque
Padre: ¿En dónde?
Hija: En Damasco
Padre: Tú eres pequeña y tienes 9 años, pero nadie es demasiado joven para la Yihad”.

Esa fue la conversación de despedida grabada por la madre antes del ataque en una comisaría de policía el 16 de diciembre de 2016. Los padres le pusieron un cinturón de explosivos a la niña, de manera que al detonarlos, mataría infieles y ocasionaría su propia muerte, su liberación. Lo que más me impactó del caso, es la gran convicción de los padres de haber salvado a Fateme del mundo terrenal de dolor, además de que le había sido fiel a su dios, así que ahora estaría en paz.

A esto quería llegar, el opio realmente no deja ver que solamente se causa daño. Es verdad que no pasa nada por ir una vez a la semana a misa, por llevar velo, por bautizar a tu hijo o por rezar para aprobar un examen. Hay muchísimas maneras de manifestarse en una religión, prácticamente todas pacíficas y por lo tanto, que deberían ser respetadas. Aunque a mi parecer, sigue siendo “fe ciega” y por lo tanto, un opio del pueblo menos extremo.

Tampoco debemos caer en la simpleza de pensar que la religión es el único opio existente. Otro ejemplo muy claro es el amor romántico para la mujer, enfocado sobre todo en relaciones de maltrato. Esta acepta agresiones por parte del hombre, creyendo que lo hace por su bien y porque la quiere, cegada por el amor sin poder ver de forma clara lo que hay en realidad: violencia injustificada.

En conclusión, debemos evitar cualquier tipo de opio, pues funciona como una anestesia contra el dolor, limita el pensamiento, nubla la visión, e impide enfrentar la realidad. La única forma de liberación humana es aceptar nuestra situación, sin buscarle explicación ni buen final, sino un presente feliz y justo.

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