domingo, 1 de marzo de 2015

¿Libertad después de la muerte?

Noticia publicada esta semana: “Extraen semen de un muerto en accidente para poder inseminar a su compañera”. La primera pregunta que me viene a la cabeza, sin leer más de la noticia, es si la persona fallecida tenía o no la voluntad de ser padre. Y si la tenía, si realmente quería tener descendencia con esa pareja. Creo que la decisión de tener o no tener descendencia forma parte de los principios de cada persona desde que empieza a tener uso de razón y que cualquiera debe ser libre para optar entre tener o no tener hijos.
Este es un ejemplo de cómo muchas veces la ciencia va por delante de la ética y nos obliga a plantear cuestiones que ni los filósofos más destacados del pasado habrían imaginado. Al seguir leyendo la noticia vi que, afortunadamente, alguien había pensado este problema antes, y existe una ley del año 2006 de Técnicas de Reproducción Humana Asistida en la que se trata la fecundación postmortem. De acuerdo con esta ley, si existe un documento en el que el fallecido demuestre su voluntad de procrear, el material reproductivo le debe ser entregado a la pareja que podrá utilizarlo en los doce meses siguientes al fallecimiento. Incluso sin existir ese documento de consentimiento, el hecho de existir preembriones de la pareja porque ya hubieran iniciado un proceso de reproducción asistida, presume el consentimiento del fallecido (art. 9 Ley 14/2006). Pero en el caso de la noticia se trataría de extraer el material genético del cadáver por voluntad de su pareja. De esta forma, además del problema ético, podría generarse otro problema relativo a la herencia del fallecido.

La legislación de países de nuestro entorno como Alemania, Francia o Italia, no permite la fecundación postmortem. Y es que, aún quedando claro que el fallecido quería ser padre, ¿querría también serlo de un hijo que premeditadamente nacerá huérfano de padre? Y en cuanto al futuro hijo ¿es legítimo negarle de antemano la posibilidad de tener un padre durante su formación como persona? 

¿Más que ADN?

Este trimestre hemos estado estudiando en biología el código genético. Cómo el ADN transmite su información para sintetizar proteínas distintas, que hacen que cada individuo sea diferente. Diferente físicamente pero también diferente en su forma de sentir, de percibir, de pensar...
También nos visitó esta semana Angel Carracedo, una eminencia en el conocimiento de la genética, que nos regaló una conferencia magistral sobre el ADN, además de una demostración de humildad tan educativa como sus conocimientos científicos. Un ejemplo de amor y dedicación a una profesión sin duda apasionante.
Reflexionando sobre cómo nuestro ADN condiciona nuestra existencia, recordé la noticia que oí hace unas semanas. Un estudio relacionaba el nivel de serotonina en el organismo con la paciencia. Algo que creía tan personal como la paciencia, moldeable mediante la voluntad y de lo que se podía estar orgulloso por lo que implica de autocontrol, resulta que también lo traemos escrito. ¿Tú también paciencia? ¿Es que hay alguna cosa que la naturaleza le permita decidir a nuestra voluntad?
Por tanto, el ADN determina nuestro aspecto físico, nuestro carácter y, en cierto modo, nuestro destino. Pero es que además, al transmitirse mediante la descendencia, también nos sobrevive, y va perfeccionándose a través de la evolución de las especies. Al fin y al cabo, es esa molécula la que se beneficia de el “juego de la vida”. Y es posible que no se sólo en la tierra... La agencia espacial europea está preparando una misión para enviar una sonda a varias lunas de Júpiter bajo cuya superficie helada se espera encontrar agua líquida. La asociación de existencia de vida a los lugares con presencia de agua en la tierra, hace albergar la esperanza de encontrar señales de alguna forma de vida presente o pasada en esos satélites. Científicamente es de suponer que si existe vida fuera de la tierra, también estaría basada en el carbono y se transmitiría a través de los ácidos nucleicos (ADN y ARN). En ese caso, en cualquier sitio en el que existiese agua terminaría apareciendo una secuencia de nucleótidos que iría evolucionando con el fin de perfeccionarse para garantizar su persistencia. De esta forma, los seres vivos universo seríamos un mero vehículo, que esta secuencia diminuta y caprichosa utiliza para seguir existiendo eternamente.

Por favor, ¡¿Puede alguien convencerme de que somos algo más que química?!

martes, 24 de febrero de 2015

Caverna

Déixovos por aquí o título dun libro interesante, ó que lle deberíades buscar un hueco nas vosas agendas apretadas de BI, dado que é moi interesante e dá que pensar (recoméndollo sobre todo ós alumnos de primeiro, dado que igual vos queda máis cerca a temática).

ECHEVERRÍA, Javier, Entre cavernas. De Platón al cerebro pasando por Internet, Madrid, Triacastela, 2013.

Un saludiño, xente! E ánimo cas redaccións de TDC ós de segundo.

Alejandra Picón Romero, ex-alumna BI, letras.


domingo, 22 de febrero de 2015

Puentes con el diablo



Es el libro que el próximo miércoles presenta el filósofo Ignacio Castro en nuestra ciudad.Un pensador acerado que no escamotea la polémica, y que responde a las expectativas que despierta el sugerente título de su último texto, pues Ignacio Castro siempre “da que pensar”. 

En palabras del propio autor, diremos que esta obra se presenta como un conjunto de entrevistas que así reunidas intentan: “abarcar distintos puntos de crisis en la encrucijada de este tiempo: desde la fascinación y el rechazo que nos producen las culturas exteriores a la actual deriva económica de las democracias; de las nuevas enfermedades crónicas del sujeto al peso dudoso de las tecnologías en la dificultad del encuentro real; del esteticismo que bloque el papel revulsivo del arte a lugar que aún le queda a otra naturaleza y a cierta literatura actual...

Ignacio Castro
Recorriendo nuestro imaginario cotidiano, el universo de los afectos y la sexualidad, también lo político, lo social y tecnológico, las doce entrevistas de Pontes co diaño se internan en sendas poco transitadas. Con tonos y registros muy distintos, este libro insiste en la necesidad de entrar en una haz de relaciones que nos asusta, al otro lado de nuestra tradición racionalista, para que podamos liberar nuestro actual bloqueo, a la psicológico, político y existencial.

Una constante de estas entrevistas es la crítica de nuestra depresiva integridad cultural. Pontes co diaño busca escarbar en las relaciones ocultas en el universo de lo político, donde parecemos estar muy enfrentados ideológicamente, para desentrañar el firme pensamiento unitario que nos retiene, dificultándonos el reconocimiento del mundo nuevo que se abre bajo nuestros ojos.”

Os espero en la Fundación Granell (Praza do Toural), el miércoles 25 a las 19:30.

¡No os lo perdáis!


Limiar /
"Obediencia á carta", Pedro Ferrández (Diario de Ferrol) /
"Ninguén sabe o que pode un home", Pablo Chacón (Télam, Arxentina) /
"Nada que dicir", Alex Serrano (Psychonauts, Valencia) /
"Fondo de espello", Gonzalo Trasbach (Café Barbantia) /
"Compromiso social e literatura", Sofía Lancho (fronterad, Madrid) /
"O que queda dos montes", Marcos Lorenzo /
"Marx en Karl", Pablo Chacón (Página 12, Arxentina) /
"A depresión informativa", Pablo Chacón (ÑClarín, Arxentina) /
"A longa viaxe da transgresión", Oriol Leira (Sematnari Directa, Barcelona) /
"Os Soprano. Todas as series nos encadean?" 
"Votos de riqueza", Fernando Franco (Faro de Vigo) /

"Mallrats", César Rendueles (Ladinamo, Madrid) / 

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Por qué no se rebelaban?

Muchas veces cuando uno toma contacto con la historia del Holocausto se pregunta ¿por qué no se rebelaban?
El conocimiento de la historia de este genocidio, de este crimen contra la Humanidad, nos permite saber que no fue la obra de un líder fanatizado, sino que había muchas complicidades, no solo el pueblo alemán, sino cancillerías y otros pueblos europeos que colaboraron o se mantuvieron en silencio. Así que podemos darle la vuelta a la pregunta y preguntar ¿Cómo a pesar de ello hubo tantos actos de heroísmo y solidariedad en los campos? ¿Cómo fue posible la rebelión en los ghettos, como el de Varsovia? ¿Cómo tantos jóvenes perdieron su vida en la lucha guerillera antinazi?
La mentira, el miedo, el desarraigo, la exclusión, el perjuicio, el poder del estado. Muchos incluso creían que eran llevados a los campos para trabajar, portaban para ello sus enseres, y aceptaban el jabón y la toalla antes de pasar a las cámaras de gas camufladas como duchas. En Auschwitz los médicos tras hacer la selección dirigían a los ancianos hacia camiones que llevaban una Cruz Roja pintada, símbolo que también llevaban los vehículos que transportaban las bombonas del Zyklon B.
¿Por qué los presos destinados a trabajos forzados no se rebelaban?
Imagina, cautivos mal alimentados, vestidos y calzados, llevando un traje fácilmente reconocible, que no conocían la lengua ni la geografía del país, ya que procedían de muchos lugares de Europa. Asimismo tenían miedo a las represalias tanto para sí mismos como para sus familiares o compañeros de barracón.

Ya en nuestro país, te voy a contar Sara, la historia de San Cristóbal, una fortaleza militar en el monte Ezcaba próximo a la ciudad de Pamplona que nunca llegó a ser usada con fines defensivos, debido a que para cuando se terminó en 1919 ya se había quedado obsoleta con la aparición de la aviación. Sin embargo, se utilizó como penal militar desde 1934 hasta 1945, fecha de su cierre. Sobre todo tras la sublevación militar en el 36 muchos presos políticos encontraron allí la muerte, sometidos a torturas, palizas, hambre extrema, frio insoportable. En muchos la causa de su muerte figura como “traumatismo” lo que significaba fusilamiento, fruto en muchos casos de las sacas, procedimiento que en algunos casos consistía en anunciar la liberación para que los presos abandonases sus celdas y poder ser así asesinados por delito de fuga.
 En 1938 se produjo una fuga real, preparada por unos treinta presos de forma minuciosa que utilizaron el idioma esperanto  para poder comunicarse sin ser entendidos por los demás. Había en ese momento 2.487 personas detenidas, en su mayoría dirigentes políticos y sindicales y militantes revolucionarios y republicanos.

En La fuga de los 221 muertos (País 21 de octubre de 2007), la periodista Natalia Junquera lo relata así: “Las puertas de la prisión están abiertas, pero en su interior más de 2.000 presos dudan. En pocos minutos, aprovechando que es domingo, que hay pocos militares en el fuerte y que los que hay están cenando y desarmados, un grupo reducido de reclusos se ha hecho con el control del penal y grita "¡Sois libres!, ¡A Francia!", mientras va abriendo todas las puertas. De los 2.497 presos, casi todos republicanos, que hay ese día en el fuerte de San Cristóbal, en el monte de Ezkaba (Pamplona), sólo 20 están al corriente de los planes de fuga. Muchos temen que sea una trampa de los funcionarios para matarlos en cuanto atraviesen la puerta. Finalmente, 795 presos deciden aprovechar la oportunidad de escapar a Francia, aunque nadie sabe en qué dirección está”.
Uno de los supervivientes de lo que fue considerada la mayor fuga penitenciaria de España, lo recuerda así: "El desconcierto era total. Había rumores, pero nunca pensamos que la fuga fuera a llevarse a cabo. Cada uno tiró por su lado; algunos, que incluso pensaron que se había terminado la guerra, fueron directos a la estación de tren de Pamplona y trataron inocentemente de comprar un billete con los vales de la prisión. Naturalmente, los detuvieron enseguida. Yo calculo que estuve unos 15 minutos corriendo desorientado por el monte hasta que oí claramente el toque de trompeta de las fuerzas que venían de refuerzo desde Pamplona. Estábamos muy débiles por el hambre. Muchos iban sin zapatos. Comprendí que no podría correr muy lejos, y además no sabía adónde, así que decidí regresar a la prisión. Para cuando llegaron los refuerzos militares de Pamplona, yo estaba en mi sitio de siempre", recuerda Ernesto Carratalá, de 89 años, superviviente del fuerte de San Cristóbal. Aquel 22 de mayo llevaba poco más de un año en el penal, tenía 18 y venía del de Burgos, tras un consejo de guerra en el que otros 35 republicanos fueron condenados a muerte. Él no porque entonces era menor de edad.”
Otro preso Félix Álvarez decidió arriesgarse. "Las tropas nos perseguían a tiros por el monte, nos iban matando como a conejos, al que veían lo mataban, así que nos fuimos dividiendo y dividiendo, y al final íbamos dos gallegos y yo, que soy de León, juntos. No sabíamos dónde estaba Francia. Por la noche avanzábamos y por el día permanecíamos agazapados, hasta que ya no aguantamos más el hambre y nos arriesgamos de día. Llegamos a un pueblo, Gascue-Odieta, y una mujer avisó a los militares”
La primera parte del plan había sido un éxito; 795 presos descalzos y hambrientos habían conseguido escapar del fuerte. De los 795 presos que se fugaron aquel día, 585 fueron capturados y 207 muertos a tiros en el campo cuando trataban de escapar por el monte. Sus  cadáveres alienados en fosas con una botella entre las tibias, yacen para la vergüenza y el recuerdo en este monumento a la memoria de las víctimas, que es el penal de San Cristóbal.
Una muestra sobre esa página de nuestra historia Que aflore lo enterrado. El fuerte de San Cristóbal la podéis visitar hasta el 2 de marzo en el Pazo de Fonseca (Santiago de Compostela). Una exposición que recuerda a los prisioneros fruto de la represión, muchos de ellos gallegos, que murieron en este penal.

Para Sara Martínez.
Las fosas de la Guerra Civil están siempre ocupadas por esqueletos anónimos, pero en la prisión de San Cristóbal, en muchos enterramientos han aparecido botellas junto a los esqueletos con datos con datos biográficos.

viernes, 20 de febrero de 2015

De vivir a sobrevivir.


        “Enciérrese tras la alambrada de púas a millares de individuos diferentes en edades, estado, origen, lengua, cultura y costumbres, y sean sometidos aquí a un régimen de vida constante, controlable, idéntico para todos y por debajo de todas las necesidades: es cuanto de más riguroso habría podido organizar un estudioso para establecer qué es esencial y qué es accesorio en el comportamiento del animal-hombre frente a la lucha por la vida.
          No creo en la más obvia y fácil deducción: que el hombre es fundamentalmente brutal, egoísta y estúpido tal y como se comporta cuando toda superestructura civil es eliminada, y que el Häftling es un hombre sin inhibiciones. Pienso más bien que, en cuanto a esto, tan sólo se puede concluir que, frente a la necesidad y el malestar físico oprimente, muchas costumbres e instintos sociales son reducidos al silencio”

          El fragmento anterior pertenece a la obra Si esto es un hombre, de Primo Levi. En él se resume el experimento humano y político que constituían los campos de concentración nazis, en los cuales, como se ha dicho en entradas anteriores, se privaba de identidad a los prisioneros, tratando hacerlos iguales a otros, constituyendo una masa homogénea de “personas” a las cuales se les han usurpado sus costumbres, su nombre, su pelo…

En los campos de concentración, los prisioneros dejaban a un lado el concepto de vivir con todo lo que implica, como la dignidad o la justicia, y lo cambiaban por el de sobrevivir. Quedaban denigrados y se los trataba como si fuesen animales, despojándolos de su identidad y obligándolos a olvidarse de las necesidades de los demás y de socializar, para centrarse únicamente en sobrevivir. Ahora bien, una de las preguntas que se me ocurren con todo esto es: ¿Por qué no se revelaban contra los guardias, a sabiendas de que no iban a sobrevivir ni conseguir mejorar sus condiciones?

Una de las respuestas a la pregunta anterior se halla en el fragmento de la obra antes mencionada, puesto que los presos de los campos de concentración estaban tan agotados por todo el trabajo físico realizado a diario y aturdidos por todo lo que allí ocurría que no tenían tiempo ni ganas de pensar en una posible rebelión.


Otra posible respuesta a la cuestión es el hecho de que lo que los mantenía (y lo que nos mantiene a la mayoría de nosotros haciendo cosas que realmente no nos gustan) es la esperanza de que algún día lograrían salvarse y se acabaría todo el sufrimiento.

"No valen las excusas"

La educación está rancia, aunque eso ya lo sabemos todos. Estamos en un sistema que premia la capacidad para memorizar y para aprobar un examen muy por encima de tomarse el tiempo o la molestia de asegurarse de que un chaval está comprendiendo la información que se le está proporcionando. Tenemos que estar quietos, estáticos, mirar al profesor siempre que hable y contestar incluso cuando no tenemos una respuesta, entregar cada trabajo y entregarlo bien; y pobre de ti jovencita como te atrevas a no hacer exactamente lo que se espera de ti, porque te estamos preparando para el mundo real
Yo no sé mucho del mundo real, o eso me han hecho entender, porque aún estoy viviendo en la versión beta de la vida (la gratis, la facilita, en la que todo está en modo automático) y parece ser que la capacidad de entregar un trabajo que cumpla con una serie de características o de pasarme una tarde memorizando una conjunto de datos que con mucha probabilidad no volveré a usar jamás me están preparando duramente para la versión premium. La buena. La chunga. Y todo lo que no hagas en respuesta de esto que te estamos pidiendo es una irresponsabilidad.
¿Qué haces tú, niña, toda la tarde en internet perdiendo el tiempo? Ah, perdona, ¿te puedo contar lo que estaba haciendo o a los de la versión beta aún no nos dejan hablar? Sí, mira, estaba leyendo sobre todas estas cosas de las que jamás me habéis hablado en clase. Ya sabes, artículos sueltos. "Cómo reaccionar ante una persona que está sufriendo un ataque de ansiedad". "Lenguaje de signos básico". "Diez comidas nutritivas que ayudan al funcionamiento de tu cerebro". "Cómo funciona el orgasmo femenino". "Principales ideas erróneas sobre el sexo". "Peligros de la pornografía en la adolescencia". "Qué preguntas no debes hacerle a una persona transgénero". "Mutilación femenina en el mundo y qué podemos hacer para erradicarla". "Diferencias entre estar de bajón y sufrir depresión". "Trucos para mantener a una persona con trastorno de déficit de atención concentrada". "Cómo funciona el ciclo menstrual y por qué no deberías darle demasiada importancia". "Cómo se hace la declaración de la renta". "Cosas que nadie te explican sobre la vida independiente". Y este, que personalmente me gusta bastante: "Cualidades personales que no pueden ser medidas a través de un examen". Hay una lista y todo, mira: creatividad, pensamiento crítico, capacidad de adaptación, persistencia, curiosidad, sentido del humor, resistencia, confiabilidad, entusiasmo, autoconsciencia, autodisciplina, empatía, liderazgo, civismo, compasión, coraje, inventiva, espontaneidad, humildad, originalidad.
Pero sí, espera, ahora me voy a memorizar todos los autores del neoclasicismo en España y sus respectivas obras. Que me tengo que preparar para el mundo real.

miércoles, 18 de febrero de 2015

De números y personas....


     Sí, los números y la personas ligan mal.


 Como decía Antonio Machado en su Juan de Mairena: 
              Por muchas vueltas que doy no hallo manera de sumar individuos.

Antonio Machado en Juan de Mairena (1936) Madrid. Espasa Calpe (1982) pag. 10

Para Mateo
¿Qué consecuencias tiene identificar a las personas con números como en Auschwitz?

Cuando pensamos en Auschwitz se nos viene a la cabeza una imagen de hombres y mujeres demacrados, consumidos, con la mirada perdida y carentes de cualquier signo de vitalidad. Si nos fijamos en su entorno, el día será nublado, y seguramente estén tirados en barracones, o fuera de ellos, rodeados por caminos de tierra. En el caso de que intentemos asociar algún sonido, no habrá muchos, o se escucharán de fondo, muy lejanas, voces gritando. Reparemos en sus vestimentas. Sucias camisas y pantalones a rayas, de distintos tamaños, quedando ridículamente grandes o pequeñas, a lo mejor azules y blancas, con puede que algún símbolo en el lado izquierdo del pecho, como único toque de color. Pero lo que todos comparten es un tatuaje, hecho con tinta negra, de un número en el brazo izquierdo. Como un número de serie o un código de barras.

Ese número, como expresa Primo Levi en Si esto es un hombre, era todo lo que identificaba a los prisioneros en el campo. Era como nuestro DNI, con una diferencia extrema. Que era lo único que los identificaba. A ojos de los que llevaban el campo, los allí retenidos eran meros números. Se parecían a ellos, pero no eran iguales en absoluto, porque no tenían nombre, ni apellido. Era uno más de los métodos para la consecución del objetivo a largo plazo: la deshumanización de los prisioneros.

Fue una realidad espantosa, pero ¿se puede utilizar el pasado en esa oración?

Dejando a un lado el Documento Nacional de Identidad, que si bien es un sistema de identificación numérica, siempre va acompañado en la firma de documentos u otros papeleos del nombre y de otros datos del sujeto, el sistema carcelario puede valer de ejemplo. Quizás no en España, porque irónicamente no conocemos mucho su funcionamiento, pero si en Estados Unidos. Tampoco nos cuesta tanto imaginar a un preso con una placa de identificación mientras lo mandan girar a un lado y al otro para sacarle una foto para la ficha sobre un fondo medido. O al mismo preso, pero ahora vestido con un llamativo mono naranja y el número en negro en la espalda. ¿Hay alguna diferencia? 








"Auschwitz survivor displays tattoo detail" by Air Force photo by Rudy Purificato - website of Brooks City-Base US Air Force facility at http://www.brooks.af.mil/photos/index.asp?page=19. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons

La gran ciencia surge del juego y la curiosidad


 
Lo someto a vuestra consideración.

“El descubrimiento es ajeno a la erudición. Los grandes matemáticos y físicos muestran su genialidad siendo muy jóvenes. Einstein tuvo su annus mirabilis a la edad de 26, desarrollando la teoría de la relatividad a partir de una intuición de adolescente.

La Filosofía y la Ciencia comparten el afán epistémico, pero su método es diferente. La erudición en vastos campos del saber favorece la construcción filosófica sistemática. Para un científico es mejor no saber casi nada y crear desde esa ignorancia. Los ejemplos abundan. La Biología Molecular se desarrolló inicialmente por parte de físicos. La computación con moléculas de ADN se le ocurrió a Adleman tras oír hablar por primera vez de esa molécula. Hay quien construye origamis con ADN porque sí, por jugar, aunque después resulte que tengan aplicación práctica. La gran ciencia surge del juego y de la curiosidad. Siendo actividad lúdica, supone la permanencia de lo mejor de la infancia, su creatividad y su sed de exploración de preguntas sobre lo esencial.
La investigación científica realmente válida supone ausencia de proyecto (decía Kornberg que el mejor proyecto era no tenerlo), puro juego de materias y lenguajes para satisfacción de una mirada infantil omnipotente que se extasía ante lo bello, a tal punto que es esa belleza la que frecuentemente sugiere la verdad de la teoría construida, como afirmaba Dirac.
Es triste ver cómo la infancia se sofoca mediante la imposición de currícula escolares y extraescolares sobrecargados que cercenan lo lúdico y lo mágico. Es triste ver la asfixia del mito vivificante en aras de lo técnico. Esa educación inhumana creada por “expertos” y deseada por muchos padres conduce a lo peor. En ausencia del mito y del juego, sin héroes, la ciencia es tomada en serio y pasa a profesionalizarse, a industrializarse, a servir al comercio. Nadie que no se haya preguntado lo importante en su infancia podrá hacerlo nunca por mucha historia de la filosofía que estudie; sólo mostrará erudición inútil. Pero abundan los profesionales del saber, quienes, despreciando la narración heroica y considerando que la ciencia debe ser seria, hacen de ella un mito descafeinado deificándola, convirtiéndola en la única posibilidad de salvación y amaestrando a la juventud hacia la peor distopía, la cientificista.
Cuando uno no cree en Dios (y quién sabe qué quiere decir esa palabra) cree en cualquier cosa, decía Chesterton. Cuando se abandona la riqueza mítica y se ignora el método científico, se sucumbe fácilmente al atractivo de lo paranormal, de lo New Age o del higienismo, tantas veces preludio de la dictadura. “
Sólo desde una perspectiva infantil es posible la Ciencia, del mismo modo que sólo desde la infantilización subyacente a tantas seriedades se la adora o se la confunde con ídolos miserables.



Javier Peteiro Cartelle es médico, experto en Análisis Clínicos y  jefe de la sección de bioquímica del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña. Amante de la ciencia y de la filosofía, es autor del libro El autoritarismo científico.