martes, 21 de octubre de 2014

¿Qué es preferible: conocimiento sin crítica o crítica sin conocimiento?

Con el ánimo de promover la reflexión sobre la educación, unos aforismos de Jorge Wagensberg, profesor de física e investigador en la Universidad de Barcelona.

     El ser humano conserva algunos de sus rasgos juveniles más allá de su madurez sexual. Técnicamente el fenómeno se llama neotenia y, en general, está asociado a saltos significativos de la evolución. Nuestros primos primates son naturalmente proclives a jugar y a aprender durante su fase juvenil, pero pronto pierden el interés por ello. Nosotros en cambio jugamos hasta el último minuto de nuestra vida, por lo que un humano bien podría nombrarse como un mono inmaduro, un curioso individuo cuya educación en las aulas puede superar un cuarto del tiempo total que le toca vivir. Siguen unos aforismos en su honor…

1. Educar no es llenar, sino encender.
2. Educar es favorecer la adicción al gozo intelectual.
3. Aprender tiene tres fases: el estímulo, la conversación y la comprensión, y con cada una de ellas existe la oportunidad para un gozo intelectual.
4. El buen estímulo a favor del conocimiento está en las paradojas que surgen entre lo que vemos y lo que creemos, por tal cosa la realidad no se puede reemplazar por nada mejor a la hora de buscar estímulos. (¿Por qué no dedicar un día de la semana a salir del aula para visitar la realidad que es, por cierto, lo que tenemos más a mano?).
5. Conversar es escuchar antes de hablar: qué fácil, qué difícil.
6. Conversar no es esperar turno para continuar con lo que se estaba diciendo.
7. El gozo intelectual por conversación se produce cuando un punto de llegada no coincide del todo con el anterior punto de salida. (¿Qué tal una asignatura de conversación?).
8. Comprender es caer en la mínima expresión de lo máximo compartido.
9. El gozo intelectual por comprensión ocurre en el momento exacto en el que uno descubre que dos cosas diferentes tienen algo en común.
10. Enseñar a alguien es llevarlo, de la mano de la conversación, hasta el borde mismo de la comprensión.
11. Enseñar no consiste en inyectar comprensiones, sino en señalar caminos para tropezarse con ellas.
12. Los estímulos que se revuelcan en sí mismos y que no conducen a una conversación o a una comprensión no son el principio de educación alguna, sino el fin último de alguna clase de pornografía (el best seller de diseño, la llamadaautoayuda…).
13. La clase magistral en la que más de cien alumnos asisten a una exposición —que siempre pueden leer antes o después— es un timo educativo.
14. Se puede estimular y conversar, pero comprender, lo que se dice comprender, se comprende siempre en la más estricta soledad.
15. Diez personas pasean y conversan (método peripatético); 40 escuchan y quizá pregunten, pero ya no conversan; 100 son espectáculo, y 500, ceremonia.
16. Conocimiento sin crítica es más preocupante que crítica sin conocimiento.
17. El examen tradicional se parece a una confesión forzada en la que el alumno accede a simular que ha comprendido.
18. En los primeros 10 años de escuela quizá solo merezcan la pena dos cosas: ejercitar el lenguaje (leer y escribir en varios idiomas, matemática, música, dibujo…) y entrenar el hábito de la conversación y la crítica.
19. En la escuela, ni una sola idea blindada contra la duda, ni una sola.
20. Las creencias no se enseñan, se trasfunden.
21. Combinando solo cuatro conceptos (lo propio y lo ajeno, la alegría y la tristeza) se obtienen las pasiones humanas elementales: compasión: tristeza propia por la tristeza ajena; morbo: alegría propia por la tristeza ajena; alegría empática: alegría propia por la alegría ajena; autoestima: alegría propia por la alegría propia; autocompasión: tristeza propia por la tristeza propia…
22. La educación es un recurso cultural para matizar una pasión natural (prestigiar la compasión, desprestigiar la envidia…
23. Ni siquiera comer es una excusa para aplazar el conocer, por lo menos mientras la hipoglucemia no nos nuble la vista.
24. Existe una inversión en la que siempre se gana y cuyo beneficio siempre cabe en el equipaje de mano, no se puede perder, ni nadie puede robar: la educación

domingo, 19 de octubre de 2014

¿La ignorancia es la felicidad?


     Me gustaría reflexionar sobre esta cuestión que tanto se escucha a lo largo de nuestra vida. Mucha gente se respalda en esta afirmación para no  tratar de buscar la verdad de las cosas o aprender más sobre la vida o ellos mismos, quizás para pensar que su ignorancia está justificada y que por lo tanto no harán nada para cambiarla. Todos somos ignorantes, porque el primer error que podemos cometer es creer saberlo todo (ya lo decía el escritor estadounidense Amos Bronson Alcott: “la enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”), pero eso no quita nuestra obligación y necesidad de buscar la verdad de las cosas.
¿Realmente vivir en una mentira nos ayudaría ser más felices? Alguien que no se plantea las cosas, que no duda de lo que le dicen y simplemente las acepta con sumisión, pasaría a ser un crédulo. Sí señores, el tonto es un crédulo.

      Introduzcámonos más en esta cuestión de la credulidad. Las personas tendemos a buscar algo en lo que creer, como en otras personas, en las cosas que nos dicen, en algo más allá de nosotros. Eso no es algo perjudicial hasta que vamos un paso más lejos. Y aquí llegamos a la cuestión, cuando uno cree en cualquier cosa que le dicen puede llegar a afectarle en su vida, y a afectar a los demás. Por ejemplo las sectas, un grupo de gente obtusa y guiada por un dogma falso que les lleva a hacer cosas que muchas veces derivan en matanzas y crímenes. En un crédulo, en un ignorante, que no es escrupuloso con sus creencias o ideas, es muy sencillo que se engendren ilusiones o engaños de la realidad que lo pongan en peligro a él y a toda la sociedad.

     Y ya no es sólo eso, sino que si una persona no se plantea los motivos de porqué actúa como lo hace, entonces viviría de forma infeliz. ¿O realmente alguien puede ser feliz sin entender porqué está triste o porqué se enfada? Muchos dirán que sí, que se puede ser feliz en la vida simplemente viviéndola. Pero eso es un engaño porque no se puede alcanzar una felicidad plena de esta forma, será feliz por momentos y disfrutará de buenas experiencias, pero también será infeliz sin saber ni siquiera el porqué. Sin comprenderse a sí mismo, y sin comprender por consiguiente a los demás.


    Ser feliz consiste en ser dueños de nosotros mismos y poder crecer libremente en nuestro interior, tal y como queremos ser. Cuando una persona no se entiende a sí misma, no sabe cuáles son sus necesidades y se encuentra perdida en su interior, no será completamente feliz. Y la solución a estos problemas es el simple hecho de pararnos a pensar y razonar, y descubrir poco a poco que hay al otro lado de la ignorancia que nos ciega, conocernos a nosotros mismos y conocer a los demás.

jueves, 16 de octubre de 2014

Manual contra el autoengaño

 Escépticos En El Pub.


Cita: viernes 24 de octubre
 21h en el Pub Kunsthalle (Rúa da Conga, 8)
 Santiago de Compostela.

Su autor nos introduce en el tema así:
 "Una de las tareas más enormes a las que se ha encomendado el ser humano es la de explicar y predecir el comportamiento humano. Todas las culturas han desarrollado creencias más o menos esotéricas para poder entender la motivación, el sufrimiento y el papel de las personas en el mundo, pero hasta la aparición del método científico no eran más que especulaciones más o menos cercanas a la realidad. 
    En los últimos dos siglos, la psicología científica y otras disciplinas afines han comenzado a aportar una valiosa información acerca del ser humano, tanto del funcionamiento de su sistema nervioso como de su interacción con el contexto y la manera en que se comporta en el medio social.
    Sin embargo, sigue vigente aquello de que lo que sabemos es una gota de agua y lo que ignoramos es el océano, que dijera Isaac Newton. 
     La falta de respuestas para la mayoría de los fenómenos que ocurren en el ser humano es un caldo de cultivo ideal para la aparición e incluso la persistencia de todo tipo de teorías y disciplinas sin ningún fundamento que intentan hacerse pasar por conocimiento riguroso.         
       Muchas de las explicaciones que ofrecen pasan a formar parte de la "psicología popular" de la gente, que acude a utilizar sus supuestos remedios cuando la ciencia psicológica o médica no tiene propuestas que sean altamente eficaces.

      A lo largo de esta charla conoceremos algunas de las llamadas psicologías no científicas, veremos por qué funcionan y cuáles son las razones que nos llevan a todos a ser susceptibles de caer en todo tipo de engaños, e incluso a las personas que mantenemos un pensamiento escéptico y estamos habituados a adoptar una actitud escéptica ante las explicaciones de los hechos que se nos presentan como verdades."

El  ponente Eparquio Delgado (Tenerife, 1979) es licenciado en Psicología por la Universidad de la Laguna y Master en Psicología Clínica y de la Salud.Ha trabajado como educador, psicólogo y coordinador de proyectos de intervención social y desde 2008 ejerce como psicólogo y director del Centro Psicológico Rayuela (La Orotava, Tenerife).En su papel como divulgador, ha colaborado en televisión y radio y ha dirigido el podcast de psicología y neurociencia Conexiones en Red durante dos temporadas.En 2013 recibió el Premio Mario Bohoslavsky que otorga la ARP-SACP a personas y organizaciones que se han distinguido por impulsar el desarrollo de la ciencia, el pensamiento crítico, la divulgación, la educación científica y el uso de la razón. Los libros de autoayuda, ¡vaya timo! es su primer libro. Actualmente vive en Tenerife.







miércoles, 15 de octubre de 2014

Nuestra realidad

Los seres humanos somos expertos en creer la afirmación que es más fácil de aceptar para nosotros. Queremos creernos que somos libres, que tenemos capacidad de elección, que lo que sabemos es lo verdadero, que no vivimos tan engañados como algunos dicen. Preferimos vivir en una ilusión que afrontar el vasto desierto de ignorancia que es la realidad para nosotros. Cuando se nos plantea la hipótesis de que seamos cerebros en una cubeta, siempre hay ojos en blanco y resoplidos. La posibilidad de que lo que percibimos no es lo real nos asusta, tanto que nuestra mente tiende a calificar teorías como estas de 'tonterías' o 'juegos mentales'.
Pero no lo son, o al menos podrían no serlo.
Nunca podremos saber si todo lo que nos rodea es una ilusión creada por ordenador. En 'El mundo de Sofía' (perdón por el spoiler), los personajes descubren al final que son eso, personajes en un libro, producto de la realidad de un autor que a la vez es un personaje de Jostein Gaarder.
Quizá nosotros seamos personajes de una simulación, quizá vivamos en una especie de Matrix extraño. El asunto es que nuestra realidad se limita a lo que percibimos. Sabemos, gracias a los científicos, que no percibimos todo lo que nos rodea, pero ¿y si ese 'todo' no es más que un conjunto de unos y ceros en un ordenador? No tendríamos ninguna manera de saberlo, sería absolutamente imposible. 
Y ahora viene la pregunta clave:
¿Podría esta ilusión considerarse una forma de conocimiento?
Bien, yo diría que en cierta manera sí. Me explico. Comparemos el mundo en el que vivimos con un juego de ordenador extremadamente detallado en el que nosotros somos los personajes, que interactúan y forman parte de la simulación. No tenemos manera de saber nada sobre lo que hay fuera de los píxeles que conforman nuestra existencia, pero somos capaces de investigar sobre las reglas del juego (por ejemplo, la gravedad), de crear y conocer elementos de nuestras culturas, de sentir cómo nos enamoramos y de hacer amigos y tener una familia...en definitiva, somos capaces de conocer cosas sobre nuestra propia realidad, aunque esta no sea la realidad...real.
Y sí, decir que conocemos la realidad como si hablásemos de la totalidad de lo que existe es, en cierta manera, una forma de autoengaño, pero, en verdad, lo que importa en el día a día es nuestra realidad, y el hecho de que puede que no sea más que una ilusión es inquietante, pero se ve que los seres humanos podemos vivir con ello.
Para rematar, añado que, aunque yo soy la primera que elegiría la pastilla roja porque me puede la curiosidad y las ganas de conocer, no culparía a nadie de querer elegir la azul. Es cuestión de prioridades, y no es justo juzgar a las personas por no elegir sacrificar todo lo que tienen por conocer la verdad.

martes, 14 de octubre de 2014

Etiquetando nuestro mundo en construcción

Observación. Interpretación. Reproducción. Establezcamos una relación triangular entre esos tres procesos y así obtendremos la fórmula de las principales acciones de la humanidad. 
Situémonos en el principio. ¿Cómo empezamos a "ser"? (Y entendamos "ser" como "ser realmente personas, humanos"). La comunicación audiovisual es crucial para el desarrollo de una persona, dando así sus primeros pasos en este inmenso marco que será, al mismo tiempo, su punto de partida y su meta: el mundo. 
Aprendemos a hablar mediante simulaciones de sonidos previamente percibidos e interpretados, empezamos a "conocer" mediante la "identificación". ¿Cómo constituye la "asociación" una vía de conocimiento? Ejemplificando, ¿cómo aprendemos lo que es una mesa? La percibimos, memorizamos esa percepción y posteriormente la asociamos al concepto. 
¿Son estos primeros "recursos", o, atrevámonos a decir, estas formas de conocimiento las que condicionan posteriormente la interpretación que hacemos del mundo? Ahí quiero llegar. Y es que, ¿cómo se relaciona la forma con la que aprendemos a interpretar el mundo con la verdadera interpretación que hacemos de él?

Entendamos el mundo como una burbuja. A medida que crecemos, tanto biológicamente como como personas, esta burbuja se hace más grande. Ampliamos conocimientos, abrimos horizontes, agrandamos el mundo. ¿Es el conocimiento, por tanto, la herramienta para confeccionar nuestro "mundo en construcción"? 
La cuestión es cómo organizamos ese nuestro mundo en construcción, nuestra realidad compartida. Compartida. Quizás sea aquí donde nace esa tendencia a "agrupar", a "etiquetar" la realidad. Para entenderla como compartida, necesitamos tener algo que compartir. ¿Da esto fruto a la búsqueda de "tener algo en común", de "vernos reflejados en"?
Quiero desatacar la facilidad con que la sociedad (ojo,eufemismo de "nosotros") es capaz de etiquetar opiniones, sentimientos, virtudes y (seamos francos) en su mayoría, rechazos; para agruparse a sí misma. Creación de prejuicios, creación de estereotipos, creación de un prototipo de mundo. 
Podríamos entender las etiquetas como una forma forzada de conocimiento, como el producto de nuestra reiterada insistencia en comprender aquello que nos rodea, analizándolo desde una determinada posición: el lugar que creemos ocupar en el mundo (etiquetado también, sin duda). 
Planteo la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si en vez de limitarnos a etiquetar un mundo en construcción, intentásemos construír un mundo?

Aida Carril Barcia 1ºBI-C 

¿Decides elegir?

En la vida estamos haciendo elecciones constantemente aunque no seamos conscientes de ello. Siempre que haya dos o más opciones y nos inclinemos hacia una, estamos escogiendo, estamos haciendo uso de nuestra libertad. Esta es completamente necesaria pero a veces puede suponer una carga a la que estamos en parte condenados ya que cuando escogemos estamos renunciando, eliminando, al mismo tiempo.

¿Cuantas veces no hemos  querido que escojan por nosotros? ¿Por qué queremos que los demás lleven a cabo una selección cuando esta es una acción tan radical y necesaria? Estamos perdiendo capacidad para ser autónomos, estamos desaprovechando la libertad, la perdemos. Simplemente tendemos a huir de la responsabilidad, de la reflexión verdadera, del pensar. Si decimos que queremos libertad, ¿por qué a la hora de la verdad huimos de ella? ¿ Por qué nos asusta el hecho de poder hacer uso de esta? Este miedo puede hacer que muchas veces nuestra elección no sea la correcta pues nos centramos más en lo que vamos a  descartar y en las consecuencias de la elección que en lo que verdaderamente debemos escoger. Debemos entender que si no seleccionamos estamos queriendo decir que todo nos es válido, que estamos conformes con todo, lo que indica que no te importa verdaderamente nada. Queremos tenerlo todo, y eso es imposible.

Es cierto que a veces ninguna de las dos opciones es la que realmente queremos o la que realmente deberíamos elegir, pero hay que valorar todos los puntos para poder llevarla a cabo de la mejor forma. Si nos encaminamos por el tema de las “mentiras buenas y las mentiras malas” y de la verdad, entramos al mismo tiempo en el tema de lo justo y de lo que queremos o consideramos mejor. Cuando nos encontramos en una situación en la que por medio existen sentimientos y emociones tendemos a escoger la famosa “mentira piadosa”  o “mentira buena” para así conformar a la persona afectada, aunque en realidad le estemos mintiendo. Este tema nos aparece constantemente, a todas horas pero, ¿a la hora de una elección los sentimientos y emociones deben ser apartados? ¿Constituyen una barrera para llevar a cabo el ejercicio? ¿Debemos escoger siempre lo que es verdadero, lo que es cierto, o es necesario hacer uso a veces de una mentira? ¿Por qué tendemos a clasificar las mentiras en buenas y malas, si todas son mentiras? ¿Qué es realmente lo bueno y lo malo?


Muchas son las cuestiones que surgen en cuanto a este tema, en cuanto a la elección, pero es algo inevitable, que nos configura al mismo tiempo y nos va determinando. Debemos entender que la toma de decisiones es un proceso continuo para lograr así abrir nuevas puertas que nos permitirán tomar nuevas decisión y elegir mayores y mejores alternativas. 


No hay pensamientos peligrosos; el pensamiento es peligroso.


       En el 108 aniversario de su nacimiento recojo esta entrevista a Hannah Arendt realizada por Günter Gauss y emitida por la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964.
      Hoy como ayer necesitamos ejercitar el quehacer de pensar y estimular el querer comprender como en su día hizo esta pensadora excepcional.

lunes, 13 de octubre de 2014

¿Podemos a través del conocimiento diferenciar lo real de lo no real?


Las primeras barreras de nuestra propia percepción son nuestros propios sentidos.
No percibe de la misma forma una persona ciega que un vidente o un sordo y una persona que oye. Estas personas,tanto el ciego,como el sordo o como el vidente,todos ellos adquieren conocimiento pero muy posiblemente las realidades que perciben no son iguales.
La percepción y la inteligencia
Al igual que en los sentidos todas las personas no tienen la misma capacidad para interpretar y procesar la información recibida por los sentidos. Esto supone otra fuente de variación en la percepción de una misma realidad.
El conocimiento y la percepción del subconsciente
Tanto bajo los efectos de substancias alucinógenas como en el mundo de los sueños se pueden pensar o imaginar cosas y situaciones muy distintas a las que se viven normalmente en el mundo que percibimos como real. Cabe pensar que ese mundo ``irreal´´ aflora de nuestro subconsciente y que este lo ha creado a partir de un conocimiento adquirido de forma inconsciente.
El conocimiento nos acerca a la verdad

Realmente creo que no existe una respuesta a la pregunta de si el conocimiento nos lleva o no a la verdad,pero de lo que creo que no hay duda es de que la falta de conocimiento nos aleja de ella

domingo, 12 de octubre de 2014

Lenguaje y prejucios

Desde que somos conscientes de nuestros actos, los seres humanos tendemos a juzgar a las personas por su apariencia física, forma de vestir, gustos, etc. De esta manera, si vemos a alguien con falda pensamos que es una mujer; si vemos a alguien con una túnica colorida, un turbante y llamativas joyas pensaremos que es de origen africano; si vemos a alguien con ropajes viejos y agujereados diremos que es de clase social baja o bien un indigente. Pero, ¿se pueden hacer estos juicios de género, etnia o clase social por la forma de expresarse, por la manera de utilizar el lenguaje? 
La respuesta a esta pregunta es afirmativa por diversos motivos. Entre las muchas teorías que existen sobre este tema, la mas aceptada y conocida, es la que afirma que los seres humanos comenzamos a diferenciarnos unos de otros por el lenguaje desde la infancia, pues es en esta etapa cuando empezamos a tener las primeras relaciones sociales con personas de distinto género, etnia o clase. Además del factor geográfico (no hablará igual una persona de Cádiz que una de Bilbao) existen el factor del género (el lenguaje usado entre los varones no es el mismo que el usado entre las feminas) o el de  la clase social (existe una diferenciación entre el lenguaje usado por la clase baja y la clase alta).