martes, 21 de febrero de 2017

La Ventana de Johary


¿Quién soy yo realmente?


      Es difícil decirlo porque nuestra identidad personal tiene que ver con cómo nos comunicamos con los demás, por eso decimos que la comunicación es una actividad social constitutiva de lo que significa ser “ser humano”.  

Muchas especies animales tienen sistemas complejos de comunicación aunque ninguno como el ser humano. El lenguaje constituye la base de nuestra identidad cuando decidimos “yo” para referirnos a lo que creemos ser, ahora bien ese “yo” necesita de los “otros” para hacer su aparición, es un proceso de interacción comunicativa en la que no todo es lenguaje, pues también poseemos de un modo innato y aprendemos complejos sistemas de códigos no verbales, con los que compartimos información no siempre de un modo consciente.

Para entender este complejo proceso de comunicación los psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham idearon el modelo de Ventana de Johary para entender cómo procesamos la información y cómo varía la percepción que tenemos de nosotros mismos y de los demás. 

Es una interesante herramienta para el análisis de uno mismo y que podemos aplicar en cualquier área de nuestra vida social.

Para entenderlo nos imaginamos 4 cuadrantes o una casa con cuatro habitaciones.

 La primera habitación (área libre o abierta) es la parte de nosotros mismos que los demás también ven.

La número dos (área ciega) lo que los otros perciben de nosotros pero nosotros no.

 La tercera (área oculta) es el espacio personal privado, lo que sabemos de nosotros mismos pero no queremos compartir.


 La última habitación (área desconocida) es la parte más misteriosa del subconsciente o del inconsciente que ni el sujeto ni su entorno logran percibir.



miércoles, 15 de febrero de 2017

A vueltas con la inmigración


Las políticas de inmigración y ciudadanía en la nueva etapa: cuatro propuestas.

Os dejo la grabación de la charla de Antonio Izquierdo Escribano. Profesor de sociología en la Universidad de A Coruña y miembro del Equipo de Sociología de la Migración Internacional (ESOMAR), que se impartió en el Consello de Cultura Galega el pasado jueves de este mes. En la medida que aborda cuestiones tratadas en la  clase  de Ética y Filosofía del Derecho, a propósito del concepto de ciudadanía, os la recomiendo.







lunes, 13 de febrero de 2017

El valor de la palabra

Os copio íntegramente la última aportación de Javier Peteiro Cartelle a su blog Cerca de Leteo que lleva por  título:

La etología animal es interesante. Muchos animales se comunican en mayor o menor grado. Alertan de amenazas, establecen pautas de cortejo o dominancia… Pero no hablan. Parece que lo que nos hace humanos es principalmente eso que ellos no tienen, el lenguaje. ¿Cómo ocurrió? Tal vez bastaran pocos cambios en algunos genes, quizá uno solo como el FoxP2 , pero aun es un enigma.

El lenguaje, en sentido amplio, abarca todo lo que somos y podemos llegar a ser. No sabemos cómo se comunicaban en el Paleolítico pero las pinturas rupestres apuntan hacia una capacidad muy notable de entender de algún modo el mundo, expresar la relación con él y hacerlo además de un modo que apunta a la conservación de algo esencial durante milenios, la posibilidad de cierto habitar poético y el valor del símbolo. 

Fue en una época relativamente tardía en nuestra evolución que el lenguaje pudo no sólo hablarse sino escribirse, lo que supuso el nacimiento de la Historia misma. Si la Historia es siempre colectiva a pesar de singularidades importantísimas, la biografía es personal y, en general, simplemente vivida y no narrada, salvando diarios y autobiografías. En ese sentido, aunque contribuyamos todos en mayor o menor medida a la Historia en la que nos insertamos, no hay propiamente una historia personal, con una excepción curiosa, la que confieren las enfermedades, en cuyo caso se habla de “historia clínica”.

La historia clínica apunta, como todas las historias, a una narración que, sin embargo, cada vez cede más terreno a una métrica soportada por el registro instrumental en forma de analíticas, imágenes, medidas antropométricas y físicas y últimamente, hasta secuencias genéticas. Todo eso conforma un conjunto de datos que pueden registrarse electrónicamente, como secuencia de bits. Aunque propiamente haya enfermos y no enfermedades, éstas tienen elementos comunes que permiten establecer una nosología incluso de los trastornos del alma. Y la nosología cobra cada día más importancia, ontologizando lo que es más bien falta, carencia.

En nuestro tiempo un paciente acaba siendo dicho más por lo que muestra su cuerpo que por lo que transmite su lenguaje. Y esto ocurre en un contexto, el metafórico. La metáfora informativa de la vida se mantiene en pleno vigor, llegando al extremo de que se tiende a ver a cada persona como un conjunto de datos, como una secuencia de bits. En ese contexto, se enferma porque, en mayor o menor grado, se está predestinado para ello por la información genética. 
Son los genes lo que heredamos de nuestros padres biológicos pero a la vez lo que nos sitúa como emparentados con otros que pueden vivir o haber vivido muy alejados de nosotros, como perfectos desconocidos. Busquemos y encontraremos.

Cada día es más barato obtener información genética personal y rastrear en nuestros orígenes, en la construcción de un buen árbol genealógico. ¿Por qué no contribuir a constituir grandes bases de datos para bien de la Medicina? A fin de cuentas, esos datos genéticos propios son "hackeables".
Seamos humanos, compartamos información genética que, a fin de cuentas, es algo más cómodo que donar sangre o un riñón. En DNA.Land acogerán encantados nuestras secuencias genéticas si las tenemos y aunque sean incompletas. Quieren disponer de millones de genomas y sólo van por unos cuarenta mil.

La obsesión por hallar el oráculo genético es bien conocida y no vale la pena ser reiterativo. Pero tal afán simplificador (a pesar de la extraordinaria complejidad que reside en la expresión genética) abarca también a lo que parecía menos reducible, al propio lenguaje, que pasa a ser valorado no ya como contenido sino como vehículo.

Es cierto que al hablar uno aporta más que palabras. Las emociones acompañan a esas palabras, con lágrimas, con expresiones faciales, con emisiones entrecortadas, con silencios… El valor del psicoanálisis reside precisamente en esa atención a la palabra, a la que se dice cuando menos se espera, a la que apunta a lo que uno no conoce de sí mismo y va siendo revelado. Pero vivimos un tiempo en que cada vez se escucha menos, incluso en la consulta clínica, y, a la vez, se pretende oír todo. Es la época del “Big Data” y ya no importa lo que diga uno de su vida sino pronosticar su vida misma como consumidor o como enfermo potencial, y para eso la propia voz acaba resultando importante en manos de los nuevos gurús, esos que diseñan algoritmos pronósticos

Una organización, Canary Speech, ha relacionado millones de breves conversaciones telefónicas recogidas por una compañía aseguradora con datos clínicos y demográficos proporcionados por esa misma compañía. Los algoritmos dirán con más claridad que la pitonisa de Delfos que alguien acabará padeciendo Alzheimer o Parkinson. Y por su bien se le amargará prematuramente la vida en forma de diagnóstico precoz inútil, a la vez que quizá se le excluirá de un servicio de seguros o de la posibilidad de conducir.

El Big Data supone, en cierto modo, el fin de la ciencia, ya que su objetivo no es explicar, comprender, sino sencillamente predecir, sea este pronóstico aplicado a la extensión de una epidemia, a la aceptación de un nuevo refresco o a señalar directamente a alguien que será “costoso” por su futura enfermedad o incluso un posible criminal. 

El deterioro del encuentro clínico es sólo la punta de un gran iceberg. Por mucho "whatsapp", por muchas redes sociales que haya, el caso es que nos estamos olvidando de hablar. Estamos pasando de ser sujetos atravesados por la palabra a organismos legibles en los genes, en una imagen funcional  o en la voz, entendida como resultado de un proceso neurológico alejado del alma.

Hay científicos e inventores, en Google, en el MIT, en tantos sitios, que protestan ahora contra Trump. Como si los científicos fueran puros y no tuvieran ninguna repercusión en la sociedad que lo ha elegido ni una enorme culpa en la gran distopía cientificista que se avecina, que se está implantando ya, alienándonos. Una pureza que también se pretendió en Alemania hace años. 

Si los científicos sólo se preocupan por la Ciencia, por más que hablen del cambio climático, descuidando la responsabilidad ética que toda investigación supone, estaremos abocados a mucho sufrimiento; eso sí, será científico y por nuestro bien.

También se puede ver:





domingo, 5 de febrero de 2017

Te quiero, máquina


(Puedes leer completo el artículo en ese enlace de el diario El País, 4 de febrero)

Aiko Chihira, la androide recepcionista creada por Toshiba. EPV
Aiko Chihira es una chica ciborg, un androide creado por Toshiba, y, además, es el robot más realista creado hasta la fecha. Obsesivamente humanoide, tiene el aspecto de una hermosa mujer oriental a la que han dotado de una delicada timidez y de una personalidad gestual claramente subyugada al humano que interactúa con ella. Toshiba no lo dice, pero tal vez Aiko Chihira encarne al precedente de robot sexual del futuro. En el Japón de hoy en día, las muñecas sexuales hiperrealistas son un negocio creciente (para hacerse una idea, no hay más que pasearse por las webs de Real Doll, Orient Industry o KanojoToys).

Ante el avance brutal de la robótica, reputados terapeutas sexuales como Ian Kerner han llegado a sugerir el empleo de robots sexuales “para ayudar a los seres humanos a superar traumas”. Como en el argumento la serie sueca Real humans o en Her, el futuro asocia inevitablemente la unión de humanos y robots bajo el todopoderoso sexo. Hombres y máquinas son un binomio inseparable, como ya lo son el coche o el smartphone.

El sexo era un paso predecible en la distopía presente. Aunque ya sea como tratamiento terapéutico o puro onanismo de calidad, voces como las del experto en Inteligencia Artificial Gareth Price han lanzado su grito al cielo, argumentando que, toda una generación crecida con juguetes sexuales inteligentes que aprenden sus preferencias “podría terminar con el contacto de esas personas con otros seres humanos”.

sábado, 4 de febrero de 2017

Maltrato animal

En el siglo IV a.C., Aristóteles decía que lo que lleva a los seres humanos a filosofar es la admiración, la sorpresa o el estupor ante las cosas. Pues si algo hay que provoca en mí esa ansia de querer saber por qué las cosas son del modo que son y no de otro, es el maltrato animal, algo muy presente en nuestros días.

Este término comprende todas aquellas acciones que los seres humanos realizamos y a través de las cuales dañamos física o psicológicamente a los animales. Existen dos tipos: el directo, que consiste en torturar, mutilar, asesinar o no proporcionarle los cuidados básicos al ser vivo en cuestión, tales como la comida, un lugar donde poder vivir o la atención veterinaria adecuada en caso de animales domésticos; y el indirecto, en el cual alguien es testigo de las crueldades cometidas y no hace nada para impedirlas. Desgraciadamente, tanto uno como otro tienen una dimensión mundial, siendo llevados a cabo con fines lúdicos, bélicos y científicos.

Quizás la manera de maltrato más conocida es el abandono de animales domésticos, especialmente perros, por parte de esas personas que piensan que son juguetes, siendo seres vivos que aportaron al ser humano innumerables beneficios físicos y psicológicos y a los que, en lugar de agradecérselo este le responde tratándolos como objetos que se pueden adquirir y desechar a placer. Dentro del abandono de animales domésticos, uno de los casos más recientes a nivel gallego fue lo que tuvo lugar el martes, 19 de abril de 2016. Así, según una noticia publicada dicho día en la Voz de Galicia “Una granja de vacas de Chantada fue inmovilizada por la Guardia Civil después de que agentes de este cuerpo encontraran en su interior esqueletos y cadáveres en descomposición de cerca de cuarenta vacas muertas. Otros veinte ejemplares, adultos y crías, sobrevivían mal alimentados y en un estado físico que los agentes del Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona) que entraron en la granja califican de lamentable. El juzgado de Chantada investiga el caso. El dueño de esta explotación ganadera es sospechoso de un delito de maltrato a animales.”

Las corridas de toros siguen siendo consideradas como un arte por numerosas personas, mas ¿qué es lo que hay detrás de ellas? Antes de salir a la plaza el animal es maltratado (se le recortan los cuernos, se le pega y se encierra en un lugar pequeño y a oscuras), de esta manera, aunque al llegar a la plaza parece que quiere atacar al torero, lo único que le sucede es que está cegado por la luz y desorientado por los gritos de las personas a las que les hace ilusión presenciar este acto, mas esto no finaliza aquí, ya que durante la corrida se le lanzan banderillas al animal que provocan que vaya perdiendo fuerzas y desangrándose poco a poco. ¿Es realmente esta una actividad de ocio?

En nuestros días es habitual que los circos vayan las ciudades y realicen numerosos espectáculos. Los animales más frecuentes en ellos son leones, tigres, jirafas y elefantes, todos ellos nacidos en cautiverio, separados de sus madres y entrenados con barras de metal con puntas de ganchillo, descargas eléctricas y otras armas, además de ser privados de alimento. Entonces, ¿merece la pena pagar la entrada a los circos y de esta manera contribuir al maltrato de los animales con los que estos cuentan?

Entonces, tras saber esto, creo que es necesario cuestionarnos por qué es así y no hacemos nada para cambiarlo, para ser mejores y crecer como personas; plantearnos si realmente estamos tan avanzados como decimos y creemos, porque, tal y como Mahatma Gandhi en su día dijo, una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que sus animales son tratados.

No obstante, también podemos pensar: ¿y por qué al tratarlos mejor crecemos como personas? ¿Qué es eso de ser mejores? Desde mi punto de vista, esta última cuestión es difícil de responder, pero creo que por el simple hecho de tratarse de seres vivos con sentimientos, que sufren y que influyen directamente sobre nosotros, es nuestro deber respetarlos.

¿Podrían las máquinas llegar a sustituir a los seres humanos?

Hoy en día es frecuente escuchar esta pregunta ya que nuestra sociedad ha evolucionado tanto a nivel tecnológico que las máquinas han llegado al punto de realizar funciones reemplazando la mano de obra humana, este es el caso de las industrias, en la que se sustituye la mano de obra por máquinas  para aumentar la cantidad de producción en un menor tiempo y a un coste menor. Los humanos no somos los únicos que aprendemos de nuestros errores, si no que las máquinas también lo hacen desde el momento que se le indica que algo  no está bien y se le corrige.

Pero, ¿deberían ser consideradas seres vivos? En mi opinión no, porque creo que jamás una máquina podrá superarnos en inteligencia, sentimientos, creatividad, conciencia, sentido común o capacidad para aprender aunque existen otras capacidades del ser humano en las que una máquina sí nos podría superar en aquello que requiera capacidades mecánicas como pueden ser el cálculo, la precisión…

Un robot no podrá mostrar nunca sus sentimientos aunque intente imitar el comportamiento humano no deja de ser una imitación. Un robot no tiene conciencia como puede tener un ser humano no puede sentir compasión, dolor, alegría, tristeza… La inteligencia que puede alcanzar un robot siempre va a ser artificial nunca natural como la de un ser humano.

Desde otro punto de vista, podemos analizar el comportamiento de los humanos más propios de una máquina; influenciados ya sea por la sociedad que nos dice lo que está bien y lo que está mal, o incluso el consumismo que trata de que adquiramos unos determinados bienes. Es así, como actuando todos de la misma forma somos más máquinas que humanos y no nos permitimos apenas elegir algo por nuestra propia cuenta, perdiendo de esta manera nuestra libertad de elección.

Sí que es cierto que las máquinas están evolucionando día a día y hoy, algo que nos parece imposible, puede llegar a ser una realidad en un futuro; así como hace años no se esperaba que el ser humano consiguiese volar; por ello no debemos descartar nada, ya que la tecnología puede llegar a ser muy sorprendente.
                    
Alba Vidal Otero
1ºBACH B

lunes, 30 de enero de 2017

El alma de los neanderthales



En las antiguas religiones, el alma era lo que daba vida a la materia, algo que diferenciaba un cuerpo vivo de otro no vivo y tenía la cualidad de seguir existiendo después de la muerte. Los filósofos griegos le añadieron la capacidad de contener el conocimiento, con lo que únicamente los poseedores de conocimiento, es decir lo seres humanos, podían tener alma. El cristianismo adquiere el concepto del alma de la filosofía griega pero la convierte en totalmente dependiente de Dios.
La interpretación que hizo la Iglesia Católica para admitir la teoría de la evolución, fue que Dios pudo servirse de un animal que ya existía, al que añadió el alma para convertirlo en hombre. Y a partir de ese momento dotó de alma a todos los hombres que vinieron después. Para la Iglesia Católica el alma no ha podido evolucionar con el hombre porque toda alma es creada por Dios.
En las últimas décadas se han producido importantes avances en el conocimiento de la evolución del ser humano. Hasta casi finales del siglo XX la ciencia creía que la evolución había sido lineal. Es decir: desde que, desde el punto de vista evolutivo, la especie que daría lugar al homo sapiens se separó de los otros primates, fue transformándose a través del tiempo hasta desembocar en el hombre actual. Algo similar a lo que se representa en la imagen que estamos acostumbrados a ver en múltiples variantes.

De hecho, según esta imagen, Homer sería una evolución directa de los neanderthales, cuando hoy día existen numerosas pruebas de que estos fueron unos homínidos distintos del homo sapiens que se extinguieron hace 40.000 años, y que coincidieron durante un tiempo de su existencia con el homo sapiens. Los más recientes descubrimientos demuestran que hubo hibridación entre neanderthal y sapiens de manera que, salvo en el África subsahariana, la mayor parte de la humanidad porta genes neanderthales.
En el esquema evolutivo lineal es “facil” encajar la postura de la Iglesia Católica: Dios elige un momento de la evolución y decide que a partir de entonces todos los individuos que nazcan tienen alma. Pero los avances de la paleontología indican que desde la separación de los primates hubo varias ramificaciones en la evolución, de manera que han existido al menos una veintena de homínidos en los últimos 7 millones de años y todos excepto el homo sapiens se han extinguido, siendo los neanderthales los últimos en hacerlo. En este caso, la postura de la Iglesia Católica sería comprensible siempre que el momento elegido para dotar al hombre de alma fuese posterior a la desaparición de los neanderthales. Porque si fuese anterior, tendríamos especies distintas al hombre que habrían tenido alma.

De acuerdo con los estudios y descubrimientos relativos a los neanderthales, parece probado que enterraban a los muertos y tenían ritos relacionados con la muerte. Siendo así, ¿Puede la Iglesia afirmar que un ser capaz de pensar y que cree en la existencia de algo después de la muerte no tiene alma? ¿O considera que los homínidos distintos del homo sapiens eran animales sin alma que, en el caso de los neanderthales, tuvieron hijos con hombres con alma?

domingo, 29 de enero de 2017

¿Del australopithecus al cyborg?


Da que pensar......

  • ¿Podrán los robots llegar a ser considerados personas?
  • ¿Quién eres tú en la Red?
  • ¿Perdemos o ganamos nuestra identidad con las nuevas tecnologías?
  • ¿Es la tecnología un mecanismo evolutivo?
  • ¿Cuáles son los límites del ser humano en la civilización tecnológica?
  • ¿Puede pensar una máquina?
  • ¿Puede vivir una máquina?